El golpe en Valdivia: los retazos de un oscuro 11 de septiembre

por | Sep 12, 2020

El golpe cívico-militar de 1973 recorre el país como un relato de horror que se multiplicó en cada lugar y comunidad. En Valdivia, fueron al menos 85 vidas las que se llevó la dictadura. A través del libro «Memorias de la prisión política en Valdivia 1973-1991» de Beatriz Brinkmann Scheihing, recordamos los principales capítulos locales que rodearon ese oscuro día.

Diputados de la provincia de Valdivia Carlos Lorca y Hernán Olave.

Siguiendo el relato que realiza la profesora y escritora Beatriz Birkmann Scheihing en su libro «Memorias de la prisión política en Valdivia 1973-1991», esfuerzo recopilatorio de testimonios, datos e informes sobre la dictadura en Valdivia, nos aventuramos a seleccionar algunos de los principales hechos que rodearon el 11 de septiembre de 1973 en la provincia de Valdivia.

Previo al golpe, la provincia de Valdivia, en términos políticos se caracterizaba por una fuerte presencia del Partido Socialista, el partido donde militaba Salvador Allende y principal fuerza conductora de la Unidad Popular (UP).

Para las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 fueron electos los diputados socialistas Hernán Olave y Carlos Lorca Tobar, este último, es parte emblemática del triste cuadro de los detenidos desaparecidos, quien luego de ser detenido en Santiago el 25 de junio de 1975 fue llevado al centro de torturas Villa Grimaldi y posteriormente a Colonia Dignidad.

En tanto, que los intendentes Víctor Monreal, y luego su sucesor desde enero de 1973, Sandor Arancibia; como también el alcalde de Valdivia Luis Díaz, compartían filas en el socialismo valdiviano.

Proyecto mirista

En la comuna de Panguipulli se llevaba a cabo otra significativa experiencia de “lucha popular” que marcó el periodo y es símbolo de la resistencia campesina a la dictadura.

Se trató de la toma de los fundos Carranco a fines de 1970, y posteriormente, Neltume; Chan-Chan; Huilo-Huilo; Pilmaiquén; entre otros, llegando a superar 420 mil hectáreas con el objeto de establecer el Complejo Maderero y Forestal Panguipulli controlado por campesinos y obreros, que con la llegada de la Unidad Popular se radicalizaron.

Entre quienes dirigían ese proyecto, destacaron dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), entre ellos el estudiante de la UACh, José Gregorio Liendo, más conocido como el Comandante “Pepe”.

Detenciones

Sandor Arancibia, ex intendente de la provincia es detenido.

Desde el 11 de septiembre hasta el término de la dictadura, el 11 de marzo de 1990, en la provincia de Valdivia “habrían sido al menos 87 casos de violación del derecho a la vida con resultado de muerte o desaparición, de los cuales 71 ocurrieron durante los tres primeros meses”, afirma Brinkmann refiriéndose al informe de la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU) denominado Recuerdos de la Guerra. Valdivia, Neltume, Liquiñe, Chihuío.

Otro dossier, complementa la data de la violencia local: según el Informe sobre Calificación de Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos y de la Violencia Política se identificaron 202 casos (en la Décima región), 71 de ellos son detenidos desaparecidos y 131 muertos de la antigua décima región, y específicamente 85 casos en la ciudad de Valdivia.

De acuerdo con lo que relata Brinkmann en su libro, el 11 de septiembre de 1973 militares y carabineros a cargo del jefe de zona en estado de sitio y comandante de la IV División del Ejército, general brigadier Héctor Bravo Muñoz,  se desató en la provincia de Valdivia una brutal represión.

Recintos emblemáticos

El intendente Sandor Arancibia fue arrestado en su oficina, llevado bajo custodia policial a su domicilio y luego fue trasladado al Estadio Nacional en Santiago.

Regimiento militar dubicado en calle Bueras. Valdivia.

Los prisioneros en general fueron llevados al regimiento, al Servicio de Inteligencia Militar o a la comisaria.

De acuerdo con el informe de la Comisión Nacional sobre prisión política y tortura, quienes fueron llevados al regimiento ubicado en calle Bueras, “eran traídos luego de ser detenidos durante operativos militares en zonas rurales […] llegaban en camiones, hacinados y en muy malas condiciones físicas”.

Tras su paso por el recinto militar los prisioneros eran llevados al gimnasio del Banco Estado- CENDYR, ubicado en calle Anfión Muñoz.

Mismo trato violento sufrieron los detenidos que fueron retenidos en comisarías, tenencias y retenes rurales. “Lo más frecuente eran las patadas y violentas golpizas con pies, puños y objetos contundentes”, explicita la escritora.

La venganza precordillerana

En tanto, en la emblemática zona precordillerana donde se ubicaba el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli asoló la muerte y la desaparición forzosa desde el 12 de septiembre, lo que fue justificado con el “estigma como zona de guerrillas del MIR” y el ataque a un retén de carabineros, pretexto perfecto para los castigos y asesinatos ocurridos en la zona, explica Brinkmann.

En ese marco, ocurrieron las matanzas y desapariciones de 18 campesinos en la zona sur del Complejo Maderero en Chihuío el 9 de octubre del 73 y de las 15 personas detenidas en la zona de Liquiñe y desaparecidas al lanzarlas al río Toltén.

Otros núcleos rebeldes también fueron castigados. En la Universidad Austral y la Universidad Técnica del Estado (UTE), actual campus Miraflores de la UACh, sumaron a la lista de estudiantes detenidos destacados docentes quienes fueron “despedidos, sufrieron vejámenes, encarcelamiento y aberrantes procesos judiciales”, todo ello, en el proceso de reorganización que dirigió el rector delegado, Coronel (R) Gustavo Dupuis y la mirada anuente del rector elegido en julio de 73, William Thayer.

Caravana de la muerte

Memorial a estudiantes UACh asesinados en dictadura. Ubicado en campus Isla Teja.

De acuerdo con el relato de Beatriz Brinkmann en su libro, Sergio Arellano Stark estuvo en Valdivia a inicios de octubre del 73, por lo que “doce prisioneros de la ex Cárcel de Isla Teja fueron condenados a muerte en un “consejo de guerra” y ejecutados en el recinto militar de Llancahue, emplazado en la salida sur de la ciudad.

Se trataban de los estudiantes de la UACh Fernando Krause y René Barrientos; Pedro Barría egresado de enseñanza media y un grupo de campesinos y trabajadores del Complejo Maderero de Panguipulli: Rudemir Saavedra, Víctor Rudolph, Víctor Saavedra, Santiago García, Luis Valenzuela, Sergio Bravo, Luis Pezo y Enrique Guzmán. Un día antes, había sido ejecutado José Liendo, el comandante “Pepe” en el mismo recinto.

La maniobra del Plan Z

Prensa local de la época extraida del libro de Brinkmann

Por esos días, la prensa que servía al régimen, hacia circular el mito que justificaría las atrocidades y vejámenes, completando la “maniobra sicológica y comunicacional que significó que millares de chilenos fueran torturados, e incluso, asesinados”.

De este modo, el 9 de octubre de ese año, el Correo de Valdiviana titulaba “Siniestro Plan Z de Valdivia. Un millar de cubanos encargados de tomarse Cuartel Militar de Bueras”.

Según Brinkmann, el artículo sindicaba a los dirigentes detenidos como responsables de la ejecución de un macabro plan comunista, que se iniciaría el 16 de septiembre y que pretendía secuestrar a los hijos de los oficiales de más alto rango de Valdivia, para tenerlos como rehenes en el Coliseo Municipal, para luego llamar a sus padres para que fuesen a buscarlos desarmados y ahí asesinarlos.

Días después, el 20 de octubre, las injurias del periódico señalarían al secretario regional del Partido Socialista, Uldaricio Figueroa, como cabecilla del «Plan zeta», quien se encontraba en la clandestinidad y habría sido detenido por carabineros en el sector de Angachilla. Entre otras cosas, Figueroa era sindicado como promotor intelectual del «exterminio de militares, jefes políticos de oposición y periodistas de Valdivia».

Nota del Correo de Valdivia extraída del libro de Brinkmann.

Si bien, la prensa en gran parte tuvo una actitud servil al golpe, hubo periodistas que desafiaron la dictadura desde sus inicios. Es el caso de Juan Yilorm, director en ese entonces de Radio Camilo Henríquez, Enrique Gerding, Enrique San Juan y Arturo Villalobos.

La nota redactada está basada en el trabajo recopilatorio de Beatriz Brinkmann Scheihing, profesora de Estado en castellano y alemán, activista de derechos humanos desde 1973, y que fue prisionera política entre 1986 y 1987 en la ex cárcel Isla Teja.

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